Ascencion Bañuelos creció alrededor de una familia de rancho en Zacatecas, México. Como todos los 14 niños Bañuelos, él tenía el deber de trabajar en el rancho y contribuir desde una edad muy temprana. El habérsele dado responsabilidades diarias a la edad de 6 años, hizo que para la edad de 13 años él ya estuviera bastante maduro.
“Mi papi era bien estricto”, dijo Ascencion. “El se aseguraba que todos tuviéramos bastantes responsabilidades. Era diferente en los tiempos viejos. Todos tenían que trabajar para poder sobrevivir”.
“Nosotros crecimos escuchando de cómo las cosas eran más fáciles en los Estados Unidos. Yo quería aventurarme y descubrirlo por mi mismo. Yo sabía que si quería ver mis sueños hechos realidad, tendría que tomar algunos riesgos”.
Cuando él sintió que era el tiempo correcto, Ascencion tomó un riesgo increíble. Sin decirle nada a sus padres, el niño de 13 años se fue del rancho y caminó hacia el pueblo más cercano. Después compró un boleto de autobús e hizo un viaje de 18 horas a Tijuana, México.
Después de andar vagando por días por las calles de Tijuana, los “coyotes” encontraron a Ascencion y lo ayudaron a cruzar la frontera. Después de unos días se pudo comunicar con su hermano Luís y se fue a vivir con él al Norte de California.
Luís le encontró trabajo a Ascencion en la granja lechera en la cual él fue empleado. Como muchos de los inmigrantes ilegales, Ascencion trabajó largas horas por muy poco dinero. El niño de 13 años trabajaba de las 12 de la madrugada hasta las 8 de la mañana y de las 12 de la tarde hasta las 8 de la noche, por tres años. Y como era común, él mandaba el dinero a casa para sus padres.
Cada seis meses, a Ascencion le daban un fin de semana de descanso. El joven pasaba este tiempo en la playa en Bodega Bay. De regreso manejando de unos de estos viajes, un rancho de caballos en Petaluma cautivó su mirada. El haber montado caballos toda su vida y el querer encontrar un mejor trabajo, lo hizo parar a preguntar si el rancho necesitaba ayuda. Treinta días después, felizmente Ascencion se encontraba limpiando establos, dándole de comer a los caballos y cuidando a los hijos de los dueños del rancho.
Un día, conforme llegaba la Navidad, los niños le preguntaron a Ascencion que le gustaría para Navidad. Y sin pensarlo dos veces, respondió, “mi propio caballo”. Esa Navidad, a Ascencion le permitieron escoger un caballo dentro de la camada de añeros del rancho. Escogió una potra y le puso por nombre, Muñeca. Aunque el ranchero le ofreció a su entrenador para domar a la potra, Ascencion preguntó que si él podía trabajar con ella. El dueño aceptó alegremente.
Durante la temporada de crianza, Ascencion tomó la responsabilidad de mantener y cuidar de las yeguas preñadas durante la noche. Sin que nadie se diera cuenta, era durante este tiempo que él pasaba horas trabajando con Muñeca.
Una mañana, cuando llegaba de un viaje de negocios, el ranchero notó que las luces de las instalaciones de la arena cubierta estaban prendidas. Conforme se iba acercando al lugar, se encontró con una escena un poco extraña. Muñeca se encontraba acostada sin moverse, mientras Ascencion estaba sentado encima de ella, tocando su guitarra.
“¿Está muerta, Ascencion?” grito el ranchero. “¿Está muerta la potra?”
Calmadamente Ascencion caminó hacia su jefe y trató de explicarle lo que estaba sucediendo. Cuando fue obvió que su inglés le estaba fallando, el muchacho de 18 años llamó a la potra. Muñeca alzó su cabeza, se levantó y caminó hacia los dos hombres.
“Muñeca”, le ordenó Ascencion, “dale saludos al jefe”. La potra levantó su pata como si estuviera esperando un saludo.
Como era de esperarse, el ranchero estaba completamente sorprendido. El ranchero le pidió a Ascencion que pasara por la oficina el siguiente día a primera hora de la mañana. “No olvides traer a tu potra”, le gritó conforme se alejaba manejando.
A la mañana siguiente, le pidieron a Ascencion que diera una demostración a la familia entera y al entrenador. Al final de la demostración, las obligaciones diarias de Ascencion se expandieron a ayudar a domar los potros. Al tiempo, el entrenador partió, y Ascencion fue promovido a entrenador principal.
El enfoque inicial del rancho eran las operaciones de crianza para cabestro y caballos para show. Sin embargo, el ranchero eventualmente compró una cantidad de caballos de cutting muy buenos de Wayne Hodges. Inmediatamente Ascencion demostró interés, así que el ranchero lo mandó a las instalaciones de Hodges para que aprendiera más sobre cutting.
Poco después de haber llegado al lugar de Hodges, Ascencion supo que él estaría entrenando y montando caballos de cutting por el resto de su vida. El pasó dos años enteros aprendiendo bajo la enseñanza de Hodges antes de hacerlo por sí solo.
“Me dio mucha alegría el haber tenido la oportunidad de trabajar con caballos de cutting”, recordó Ascencion. “Wayne fue mi primer mentor y fue primordialmente él el responsable de haberme dado una fundación sólida en el deporte. Y hasta el día de hoy sigue siendo un buen amigo”.
Como Ascencion aprendió durante su largo viaje, los hijos de Bañuelos fueron instruidos la importancia de la disciplina, el trabajo duro y la paciencia. Pero es la compasión y devoción del uno por el otro, por amigos y por desconocidos, lo que define el carácter de los Bañuelos. Estas características son la que hacen que los Bañuelos sean unas de las familias más perdurables del NCHA y AQHA.
Escrito por Paul A. Cañada
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